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Hola, un placer…




Estaciono mi carro frente a la casa. Es una quinta de portones blancos ubicada en la zona norte de la ciudad. Al observar el parabrisas del vehículo noto como pequeñas gotas caen en él, le comento a mi amigo que apresure a su novia, que se avecina un chaparrón y puede echarnos a perder el disfrute del friday night. Al asomar mi rosto por la ventana veo venir a dos chicas, una la novia de mi amigo, pero su acompañante primera vez que la veía, era su mejor amiga... La novia de mi amigo se sienta detrás y su amiga se acerca, abre la puerta del copiloto y se sienta. Me mira a los ojos con una sonrisa que se me impregno en la mente. Nos miramos por unos segundos que para mi resultaron suspendidos en el tiempo, ella extiende su mano firmemente frente a mi y con una sonrisa dice: “Hola, un placer”.

Mientras corre la noche, analizo y detallo cada gesto, cada verbo, cada risa. Es bella, con su piel del color del pan, ojos de miel, y con un extenso cabello lizo y negro, posee esas hermosas hendiduras en las mejillas que se producen al sonreír, como me enamoran esos "huequitos". Vestida con gusto sutil: extensa chaqueta azul, estraple blanco, un jean y sandalias altas de color negro. “Esta mujer es hermosa”, pensé mientras me hablaba.

Siempre he pensado que no hay nada más hermoso en la naturaleza que una hermosa mujer. Siete años después de aquel día, estoy aquí, en mi cama, escribiendo en la laptop estas palabras, son las dos menos cinco de la madrugada. Me fue imposible escapar ese día y de aquella criatura de fabula, aquella hermosa mujer, que ahora, en este momento, duerme a mi lado…

Carta a un padre por Ricardo Arjona




Ahí serías, por primera vez, el Profe a tus apenas 19 años; pero, además, el rey de la serenata y la bohemia; el principe del billar y el enamorado de la vida y las mujeres hasta que doña Mimi te marcó las reglas del juego. Yo ya te admiraba y me faltan años para nacer. A veces llegué a pensar que en el banco de niños soborné a algún ángel de poca vocación para que me brindara el milagro de poder ser hijo de alguien tan extraordinario como vos. De lo contrario, cómo explicar tantísima suerte.
Te enamoraste de Mimi y nacieron mis hermanos, y cuando parecía que la cosa se quedaba así, el ángel corrupto se aprovechó de una noche de descuido y tuviste un accidente al que después llamarías justamente como vos, yo.
¿Te acordás cuando vacié la alcancía de mi hermana para dedicarme a las apuestas del billar? Con apenas 13 años, yo ya me codeaba con los adultos en el sitio aquel y cuando me descubrieron te esperé en la sala para recibir el castigo que me merecía.
Entraste despacio, me viste y me dijiste con voz calmada: “Ponete zapatos, que vamos a salir”; me llevaste a un barrio lejano en un autobús público, entramos a unos billares de los que no me acuerdo el nombre; pediste que te alistaran una mesa y me preguntaste: “¿Qué te gusta jugar?”.
Bola negra, te dije. Jugamos siete partidos y los siete me los ganaste sin dificultad.
Cuando metiste la bola negra en el último juego me dijiste: “Mira si has perdido tu tiempo, le robaste a tu propia hermana, descuidaste tus estudios… y ni siquiera juegas bien”.
Pusiste el taco en la pared y te fuiste. Tuvieron que limpiar con un trapo las lágrimas que boté aquella tarde y no hubo trapo que limpiara en mi interior la lección que me dejaste. Cuando me tocó crecer físicamente lo hice mucho más que vos. Yo llegué al metro noventa y cuatro; vos te quedaste en tu metro sesenta y nueve. Que con los años fue disminuyendo. A pesar de la diferencia, siempre te vi para arriba, porque para mí no había nadie en el mundo más grande que vos.
Te sorprendí viejo en aquel juego de futbol, hace apenas unos años, cuando detuviste la chamusca y me llamaste la atención enfrente de todos y me dijiste: “Sé que en este deporte los pases en profundidad se ponen metros adelante del jugador y en diagonal… pero yo tengo 70 años, cabrón, a mí ponémela en las patas”.
Hace apenas cuatro años, a tus 71, andabas de mochilero recorriendo Europa, haciendo safaris en las tieras más escondidas de África o viajando cada fin de semana con mi madre a cualquier lugar.
Igual un palacio, igual un puesto de comida sacudiendo moscas en la carretera. Jamás te quejabas y te sorprendías por todo.
¿Habrá manera más feliz de vivir? Te extrañé mucho cuando me fui a México, pero siempre supiste que este oficio fue todo culpa tuya, que vos me pusiste la primera guitarra en las manos y me enseñaste los primeros acordes con aquellas cuerdas de metal que ampollaban mis dedos de niño de 7 años.
Hoy, mi biografía es un rosario exhibicionista de logros, tengo lo que no llegué a soñar nunca y, a pesar de todo eso, cada vez que despierto en las mañanas pido al cielo que me permita ser por lo menos solo un poquito como vos.
Alguien decide las llegadas y las partidas en esta obra de teatro que se nos otorga solo por un ratito.
“Desde el parto ya compartimos la epidemia… de este síndrome de la caducidad”.
Sentado en tu lecho de enfermo, tomo tu mano y apenas siento vestigios de la fuerza que ostentaste siempre. No estoy seguro si entendés lo que te digo, pero tus ojos me dicen claramente que sabés a ciencia cierta que tenés contigo mi amor indescriptible, mi admiración y mi profundo respeto.
A tu lado inamovible, ese roble de vitalidad y solidaridad que escogiste como tu compañera de toda la vida, la Mimi, mientras la Ingue y la Vero multiplicándose para que no te haga falta una gota de vida a donde quiera que se consiga.
Hace 75 años, el mundo fue mejor lugar desde que lo poblaste; hoy, seguro vas como a convertir en un mejor lugar a donde quiera que vayas.
El otro día que a mí me toque, espero encontrarme al mismo ángel sin vocación, para sobornarlo de nuevo a cualquier precio y me dé la posibilidad de volverme a encontrar contigo, donde quiera que sea.
Te amaré siempre.
Tu hijo, Ricardo Arjona.

Mensaje del día de San Valentin a mis amigos...


Mi amistad no se entrega indiscriminadamente, de allí lo selecto de este mensaje. Quizás fuiste fuente de alegría, esperanzas, intelecto, reflexión. Algo en ti me marco y solo valoro lo que me marca. Hoy quiero que sepas me enorgullece considerarte mi amigo.


Feliz día de San Valentin.

La vida, momentos...




Un día la felicidad nos toco a la puerta, la invitamos a quedarse atemporalmente en nuestro mundo, nuestras almas. Desde ese día todo fue amor, caricias, sueños, proyectos, futuro. Luego sin explicaciones, sin porqués, aparece ese odioso “pero”, esa palabra que rompe todas las esperanzas, mata ilusiones, utopías y delirios. Todo cambio, el momento había llegado, a nuestros sueños se le rompieron las alas, era hora de partir.

No fue fácil para mí, se que tampoco lo fue para ti. Emociones convulsionaron por meses, el apego y la tristeza se mezclaron producto de ese catalizador universal llamado sentimientos. Fueron momentos nada fáciles. Decepciones, frustraciones, planes que murieron antes de nacer. Lagrimas corrían, lagrimas caían, junto con ellas culpas y retazos de alma.

Todo pasará, todo se calmará, eran las constantes palabras de familiares y amigos, y así fue. El tiempo se transformo en bálsamo, el corazón se renovó, los sentimientos reverdecieron, las risas volvieron, un nuevo amor toco la puerta, los pensamientos que antes no dejaban de orbitar nuestras mentes se diluyeron a causa de nuevas e intensas alegrías.

Los años pasaron, nunca nos volvimos a ver, hasta el día de hoy. El azar jugó con nuestros itinerarios diarios, el semáforo cambia a rojo, tú en el carril derecho, yo en el izquierdo. Este momento pasó muchas veces por mi mente, esos donde te preguntas ¿qué será de su vida? Al verte, una pequeña sonrisa se dibujo en mi rostro. Una sonrisa de tranquilidad. Luego de vivir lo que vivimos, luego de que el dolor arrendara por varios meses nuestro corazón, aquí estamos, tú con tu esposo, tu hija; yo con mi esposa junto a mí. Cinco seres llenos de felicidad, llenos de amor, llenos de vida.

El semáforo cambia a verde. Te alejas, me alejo, y seguimos nuestras vidas…

Yo pecador...



Algunas personas rezan,
Otras, como yo, prefieren pecar,
Rezar para mí es no hacer nada, y creer que haces algo...
No quiero rezar por ti,
Quiero pecar contigo,
Pecar en ese paraíso de dos metros cuadrados,
Pecar al ver tu piel entre mis sabanas,
Pecar al sentir tus labios sobre los míos,
Si quieres rezar, reza, para que esta noche… juntos… pequemos...

Regalo...


Nuestros ojos susurran palabras,
Nuestros labios trazan suspiros,
Somos seres de seducción,
Seres de amor,
Damos de comer a nuestros sentidos,
Con miradas, palabras, gestos, silencios…
Quizás mañana no estemos juntos,
Pero no importa,
Ya fui llenado por el más grande regalo
Tú presencia…

Somos


Hace seis años dos terrenos baldíos fueron adquiridos con un si y un beso,
Con el paso del tiempo construimos nuestro futuro,
Ahora tenemos dos hogares que son uno,
Tu eres mi chalet de montaña,
Yo soy tu casa de playa,
Tus manos trabajan por la justicia,
Mis manos producen innovación,
Somos lo que queremos ser, sin importar las diferencias.
Somos lo que somos, por ti, por mi, somos...

Mi amor...


Mi forma de amar es poco común, dado que aunque suene extraño no se basa en emociones,

Solamente busca valores racionales y encuentra su dicha en solo acciones racionales,

No le interesan los regalos, pero si los detalles,

Mi amor jamás se ha sacrificado por alguien,

Es infantil, pero no inmaduro. Le encanta bañarse en la lluvia,

Mi amor es egoísta por el solo hecho de no poder vivir sin él,

Mi amor dibuja en un lienzo caricias, dudas y complicidad,

Mi amor no toma para si nada que no lo marque,

Mi amor es un éxito merecido en manos de quien lo trabaja,

Mi amor lucha por no atrofiarse puesto que sabe que en un pestañar puede morir asesinado o por inanición,

Mi amor disfruta cada momento de su existencia, tatúa en la mente olores, sonrisas, caricias, amaneceres,

¿Porque mi forma de amar es perfecta? Porque no es de novelas o cuentos, es de la vida real…